ESPECIAL SYMNS: “EL POETA FURIOSO” X FERNANDO NOY


Por Fernando Noy, poeta, escritor y actor


Los hados del destino me colocaron frente a Enrique Symns hace más de cuatro décadas cuando lo descubrí en una mesa del bar La Academia. Al cabo de un rato Enrique leyó algo que evidentemente recién había escrito en su block repleto de palabras. Jamás olvidaré la contundecia de aquella frase: “Hay algo que el agua nunca lava”. Un comodín de emociones, verdadero universo de placer ilimitado, además del onanismo en el verso anterior: “la mano de Onán se queja”. Por esa admiración conmovida que persistirá hasta siempre, comencé a frecuentarlo o, mejor dicho, a seguirlo en cada redacción. Desde la calle Cochabamba donde Levinas publicaba El Porteño y después El Periodista, donde Enrique colaboraba. Luego nació la única e irrepetible Cerdos y Peces. Inconformista, anarco coronado por su propia lucidez fuera de serie, aunque demonizada por tantos otros caretas, Symns fue, es y será, un icono de la audacia y la rebeldia necesarias para zafar de un sistema que todo lo marchita, aunque a veces no puede.

Cada uno de los temas-tabú para el mainstream caretísimo, tenían en él su cauce de salvación. Por algo lo tengo entre mis pares inciáticos como un poeta furioso ante la vida en vano. Sin paternalismos ni falsos patriarcados. Tampoco amistades obvias con ese respeto ortopédico de tantas relaciones tan oficiales como hipócritas. En un magma profano que el mismo encendia cabíamos todos, desde los putos a los faloperos, a los anarcos, a los desquiciados, y siguen los puntos suspensivos al fin habitados. Las madres, las dealers, los lúmpenes, las alucinadas. Una corte de milagros al fin hechos realidad, que reivindicaba la verdad no sin su dosis de humor feroz en una poética del rescate, con tantos temas falsamente non sanctos y el coraje para al fin imprimirlos, o sea, darles vida.

Ninguna verdad era definitiva para nosotros, a no ser ésta que hacía que nuestros corazones tamborilearan al paso de la noche compartida hasta el amancer siempre en domingo: vivir realmente en libertad. Hace ya tiempo que ni precisamos vernos para sentirnos juntos.

Si Borges afirmó que todo periodista escribe para el olvido. Desde ese ángulo, sólo Symns sería la excepción. Porque fue y sigue yendo más allá de todo límite previsible, lo que me permite ubicarlo entre los grande chamanes de esa nada absoluta de la que logramos huir gracias a seres como él. Podríamos candidatear la fórmula Symns-Noy que seguro ganamos. Pero sin dudas ejerceríamos nuestras funciones en un hotel siete estrellas, ocupado por todos nuestros incontables amigos del eterno naufragio cantado por Tanguito. Aplaudir es poco, venerar también. Permanezcamos juntos y eso sí, que la luz de tu estrella no se apague nunca, amado Enrique Symns. Con s de supremo,  y de conjunción, m de magnífico, n de nuestro y s de siempre…

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