Barro tal vez (Ayacucho-Huamanga, Perú)

Ayacucho es la más peruana de todas las ciudades del Perú. Todas las contradicciones del país andino se hallan en ebullición en esta ciudad enclavada en las montañas: hispAnia/incario; euroPa/AméricA; costA/sierra; Gamonales/campesinos; Posmodernidad/Premodernidad.


Por Marcos Mizzi 

Un re viaje

Hace un año se inauguró el pavimento de la ruta Lima-Ayacucho-Cusco. Hasta entonces, había que aguantarse un viaje de 15 horas de curvas y contracurvas, vibrando al compás del ripio. Esto quizás sea una de las claves para aprehender por qué Ayacucho es una ciudad tan particular.

Dos caras

“Aquí tenemos un nombre verdadero y otro falso”, nos dice una chola que vende cigarrillos a la vera de la plaza central.

El otro nombre de Ayacucho, el nombre que le dan sus pobladores y que por lo tanto es el real, es Huamanga. Los habitantes de este va- lle se llaman a sí mismos “huamanguinos”, y no “ayacuchanos”, como les dicen en el resto del país.

Nadie en la calle sabe explicar por qué, pero todos afirman que es así.

Centro

En Ayacucho-Huamanga faltan muchas cosas, pero apenas uno llega nota que sobran dos cosas: iglesias y mendigos.

Como no hay edificios, las únicas edificaciones que cortan el horizonte son las torres de los templos, que se levantan por acá, por allá, por todos lados. Como no hay librerías, los únicos lugares que venden libros son las santerías ubicadas en el interior de las iglesias. En todas las esquinas hay un lisiado, o un deforme, o un anciano, o una mezcla de los tres, rogando por unas moneditas. “Tatita, mamita, ayudenmé”, gimotean cuando pasamos.

1b445792-26af-49e1-b31e-1788dc2cd6ca

Horneros

Polvo, cactus, calles semidesiertas: si Sergio Leone, al salir de su Italia natal, hubiese venido a Sudámerica en vez de ir a Hollywood, es seguro que habría filmado muchas de sus películas en el pueblo de Quinua.

Caserío de adobe a cuarenta minutos de Ayacucho, Quinua es cuna de los maestros alfareros más prolíficos del continente: practicamente todas las artesanías de cerámica que se venden en los países andinos se hacen en los hornos de este pueblo, para después rotularse con nombres de poblaciones más accesibles al turista: “recuerdo de” Cusco, La Paz, Quito, etc.

Nos detenemos un rato para comer un cuís (cuy, le llaman acá) frito con papas y ensalada en un mercado campesino al costado de la ruta que bordea al pueblo, y después sí, seguimos viaje hacia la famosa Pampa de Ayacucho.

Verdor

En un valle fértil, abonado con sangre de indios y cholos, llamado Pampa de Ayacucho, se libró la última batalla por la independencia de Nuestramérica. “En realidad- nos dice Rafael, conductor de mototaxi y guía improvisado- hicimos un cambio de collar: dejamos de pertenecer al Imperio Español y pasamos a ser lacayos del Imperio Británico primero, y del Yanki después”.

Un obelisco recuerda el sitio exacto donde los héroes ganaron la batalla, y a su vera, se venden comidas, artesanías y por 50 soles uno puede pasear en caballo por toda la pampa. Eso sí, un cartel advierte, está prohibido galopar.

Diluvio

Volvemos a la ciudad, y ya es de tarde.

Como pasa todos los veranos, a las 6 el cielo se viste de gris, y comienza a llover.

Los adoquines se aflojan, y el barro surge como charco primero, y como raudal calle abajo después.

Chapoteando, los vendedores ambulantes van a refugiarse en las arcadas de los edificios. Y mirando sin ver la lluvia, dan por terminado el día.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s