Juventud Americano Tesoro: Golpe del 55 y comienzo de la Resistencia

¿Qué es la belleza?


Por Marcos Mizzi


-¡Vengan, vamos! ¡Tiren!- Los pies de la piba avanzaban con paso seguro por el empedrado.

-¡Animensén!- Los milicos se miraban entre ellos, sin saber qué hacer. -¡Tiren si son machos! Graciela avanzó un poco más, y de un tirón se arrancó la blusa. Sus tetas brotaron como el agua de una represa, los pezones erguidos desafiando a las ametralladoras que la apuntaban.

Algunos de los conscriptos quedaron con la boca abierta, y el oficial al mando no supo cómo ordenar la carga.

-¡Tiren acá, al pecho, denlen cagones!

La guerra civil había llegado al barrio de La Tablada. Los militares habían derrocado a Perón, y los vecinos, laburantes del frigorífico y del puerto, no estaban dispuestos a entregar las calles a los contreras vendepatria. Frente al tanque de agua que estaba en calle Grandoli, Graciela sonrió, y girando a las barricadas llamó a sus compañeras: -¡Vamos, muchachas, vamos que hoy todas somos Evita!- En menos de un pestaneo cien mujeres de todas las edades se pararon junto a ella, poniendo en libertad tetas hermosas como frutillas, tetas redondas llenas de leche, tetas con arrugas y pezones morados, tetas chiquitas como capullos de algodón aún no florecidos… Doscientas tetas, cien pechos de mujeres se plantaron para evitar que los milicos cargaran contra los maridos, hijos y hermanos que fortalecían la barricada de barro y piedra que protegía la entrada al barrio. El oficial con los ojos como platos mandó que a nadie se le ocurriese disparar, y se fue a consultar a sus superiores por radio. La orden fue innecesaria: los conscriptos ya habían bajado las armas.

-¡Viva Perón carajo!- las mujeres saltaban de contentas. Graciela rápidamente pidió a algunas de sus compañeras que fuera a buscar pintura, alfileres y delantales. Con estos materiales, improvisó una bandera:

-Los Estados Unidos, Inglaterra y Rusia reconocen a Lonardi. Villa Manuelita reconoce a Perón- pintó sobre ella con brea, y la colgaron en las columnas del tanque de agua. Enseguida volvieron a ponerse en hilera y dando saltos, los pechos reclamando la libertad que se les quería negar, avanzaron contra los milicos.

-¡Villa Manuelita no se rinde!- gritaban mientras les robaban los fusiles, y ellos no podían hacer nada frente a la deslumbrante belleza de la justicia popular.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s