Venezuela: Barrio 23 de Enero

En el corazón de Caracas, a cocoyo de los cerros, está el barrio 23 de Enero, con sus bloques monumentales. En este epicentro revolucionario de Venezuela descansan los restos mortales del Comandante Hugo Chávez, y a su alrededor las organizaciones sociales construyen comunidad. Salvador, miembro del Colectivo Alexis Vive, nos cuenta sobre las realidades que crecen en el barrio, y sobre los sueños que la habitan.


Por Salvador Salas, desde Venezuela//Fotos: Ana Clara Fiamberti


A.C. (Antes de Chávez)

El 23 de Enero desde que nace, nació a sangre y a fuego. Nació ocupando edificios que no eran para nosotros. Fue siempre el teatro de operaciones de los revolucionarios en los 70, en los 80, en los 90.

Siempre estuvo resistiendo, siempre estuvo al frente de la lucha.

La gente de la parroquia, que es como llamamos allá a los barrios, siempre recuerda la resistencia de esos años antes de Chávez, cuando allanaban las casas, y como la policía entraba casa por casa, y vigiliaba con helicóptero las azoteas y calles.

NÚMEROS.

El barrio está en una zona montañosa de Caracas, a 900 metros sobre el nivel del mar. Abarca 10 hectárea, y sobre ese área conviven, se relacionan, sueñan, viven, alrededor de 10.200 personas, lo que serían 3.400, 3.500 familias.

Nuestra parroquia está formada por 55 edificios, que allá llamamos bloques. Los bloques más grandes son torres de 14 pisos con 5 letras: hay en total 150 departamentos por cada bloque.

Los edificios están enumerados del 1 al 56, pero sólo hay 55: el número 8 no existe. En los 50, cuando se construían los bloques, hubo un terremoto en Colombia, y se donaron los materiales del bloque 8 para la reconstrucción de la ciudad de Cali.

Además de los bloques, sobre las pendientes que rodean la parroquia, hay casas que parecen pesebres, donde vive gente que forma parte del 23 de Enero, y que lucha, que sueña y que vive en esos espacios.

COMUNA.

Nosotros entendemos el poder como la capacidad que tengamos de hacer lo que soñamos. Si nosotros soñamos algo, por más complicado que sea, y no podemos hacerlo con nuestras propias capacidades, entonces no tenemos poder, porque dependemos de un elemento externo a la propia dinámica de la comunidad, que nos deja atados a la especulación de los empresarios privados, o a los vaivenes de la burocracia estatal, en el mejor de los casos.

La producción es el hilo fundamental de la infraestructura sobre la cual se erige toda la sociedad. Y por eso, nuestra necesidad de desarrollar un aparato productivo que responda a la lógica de construcción de poder popular. Y en ese terreno, tenemos experiencias concretas: en la comuna tenemos una bloquera propia, una texil propia, una panadería propia.

Incluso tenemos una televisora comunitaria, que funciona por suscripción, que es una bravuconada que un día llevamos adelante. Un compañero ingeniero en telecomunicaciones, que su deseo era armar una compañía de televisión, viene y nos dice que no es difícil: “algunos equipos electrónicos, una antena, unos amplificadores, unos combinadores, y podemos tener una televisora de la comunidad”. La propuesta se le hizo a la asamblea de la comuna, y la Asamblea decidió invertir los recursos que tenía de un excedente de producción, y así nació el proyecto. En este momento tenemos 1600 usuarios, todos de la parroquia, con la posibilidad de sintonizar canales nacionales e internacionales, más un canal que es propio de la comuna. Y de manera experimental estamos ensayando un sistema de vigilancia por videocámara, para que no se monitoree la parroquia desde un lugar central, si no que toda la comunidad pueda hacerlo desde su casa, para que la seguridad de no sea un tema de vanguardia de élite que vigila, si no que se haga entre todos.

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RUMBA.

En el 23 de Enero se escucha salsa. Es un bastión nacional de las salseras. Tenemos historia y tradición en el género. Se estudia salsa incluso academicamente.

Cada bloque, cada cuadra, cada calle, hace su parrillita, acompaña con mucha arepa, que es un pan de maíz, se toma sus tragos, y baila, baila, bebiendo cerveza y ron.

Generalmente, en el 23 de Enero se celebra más con la bebida que con la comida: cuando se hace una rumba, que es como llamamos a las fiestas, es más probable que nos pongamos de acuerdo para comprar cerveza que para comprar medio kilo de carne. Lo primero es asegurar la cerveza, lo segundo el hielo para tener la cerveza fría, y en último lugar la comida.

Esto es así porque recién con la llegada de Chávez pudimos comer carne: antes sobrevivíamos con porotos y sardinas, ¿y quién va a festejar comiendo porotos? Ahora se come carne de res, de pollo, de cerdo, pero todavía no nos acostumbramos.

Hay una rumba, que es practicamente una acción revolucionaria y que es regular todos los años en la parroquia: a las 12 de la noche del 7 de octubre para el 8, se lanzan cohetes y se baila, en homenaje al guerrillero Ernesto Che Guevara. Y esto es de todos los tiempos, desde que el Comandante Che cayó en 1967 que se le rinde ese homenaje.

D.C. (Después de Chávez)

La llegada de Chávez al poder nos significó un respiro, una oxigenación, la idea de un sueño posible: constituirse como un pueblo en libertad. Eso fue Chávez.

Al día siguiente que llegó al poder todo cambió. No fue paulatino, no fue “bueno, que tenemos que trabajar”, fue una definición política: cesaron los allanamientos, cesó la represión, y empezó un nuevo camino.

Por eso es que cuando tú caminas por el 23, y llegas a un edificio, te montas a un ascensor nuevo, que durante 20 años no funcionó. En el verano te bañas en una piscina, que durante 40 años no había funcionado, y ahora sí. Y mucho más.

Lo importante es que todo esto no fue impuesto desde arriba, si no que Chávez supo hacernos entender que eramos capaces de realizar nuestros sueños. Chávez nunca dijo “Chávez”: Chávez dijo “pueblo”, y el pueblo dijo “Chávez”. Y ahora el pueblo dice “pueblo”. Por eso es que en el 23 de Enero no tenemos otra opción que ser leales al compañero, y hacer todo lo posible para la construcción del socialismo, que es lo que estamos haciendo, y no otra cosa.

PODER POPULAR

Las comunas históricamente fueron lo que aquí en Argentina se llama “vecinales”, pero Chávez entendió que eso no bastaba, y les dio una nueva dimensión. Hoy el poder comunal es un cuarto poder, reconocido por la Constitución del Estado, y tiene como destino la construcción de una gran federación de comunas, lo que Chávez denominaba “Estado comunal”.

Él decía que “las comunas son el alma del proyecto socialista venezolano”, porque entendía que tenemos que dar el traste con la viaje divisón de poderes heredados de la Revolución Francesa, en esa divisón tripartita de Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y que tenía que trascender hacia una nueva forma, porque eso resignifica la representatividad.

Claro que la experiencia no es uniforme en todo el país, si no que obedece a la dinámica propia de cada espacio. Los propios vecinos van desarrollando cómo eligen vivir, bajo qué modelo productivo se organizan, bajo qué perspectivas educativas quieren formarse.

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