La Juventud en el Ejército

Charlamos con Jóvenes en el Ejército para que nos cuenten cómo es ser militar en la Argentina  del siglo XXI. Quizá sea hora de sacudirnos algunos prejuicios.


Leopoldo Marechal, en “Megafón, o la guerra”, nos cuenta los devenires de una tropa que pelea por la libertad argentina en dos batallas simultáneas: la terrestre y la celeste. Este ejército poco ortodoxo, conducido por un hombre llamado Megafón, cuenta entre sus filas con un militar de carrera, el Mayor Aníbal Troiani, que había sido expulsado del Ejército por apoyar el golpe justicialista de 1956. En una discusión sobre los alcances de las Dos Batallas que están librando, Troiani, al referirse a la cuestión militar, diferencia a los verdaderos soldados de las simples Fuerzas Armadas. Un buen soldado, plantea, combina el apego a las jerarquías con la inteligencia y la sensibilidad, mientras que un miembro de una fuerza armada, es sólo un tecnócrata de la masacre y el genocidio.

En la historia militar nuestro país, esta diferencia la aprehendemos de sobra. A comienzos del ya lejanísimo siglo XIX, el Ejército nació defendiendo nuestra tierra de los invasores ingleses. Fue el sueño de San Martín de una América Unida, fue el grito montonero de Güemes en las quebradas, el coraje de los gauchos artiguistas peleando por la soberanía y fue una cinta rojo punzó. También fue la traición de Urquiza, la infamia mitrista de la Guerra del Paraguay, el asesinato del Chacho Peñaloza, la lucha fratricida entre el gaucho y el indio. Ya en el 1900, desde que Richieri creo el servicio militar obligatorio, hasta que Omar Carrasco fue asesinado mientras cumplía la colimba, las Fuerzas Armadas fueron alimentadas por la cosecha despareja de pibes jóvenes. Con contadas excepciones (recordar el golpe de 1943, o el de 1956), su oficialidad osciló entre la antipatria y la vergüenza. Hoy, en los comienzos del siglo, con esa nueva argentinidad nacida el diciembre heroico de 2001, y afirmada bajo la conducción de Néstor y Cristina, también el Ejército vuelve a nacer.

Lo hace con pibes y pibas que quieren a su Patria pero que sobre todo quieren a las personas que la habitan. Hay mucho que mejorar: el “corre, limpia, barre” de la colimba obligatoria parece que está todavía vigente. Se sigue sosteniendo la idea de que al respeto a las jerarquías se lo adquiere en las góndolas del maltrato, en vez de cultivarlo con el arado del ejemplo. Es como si no hubiera existido la guerra de Malvinas, como si los huevos con que los pibes pelearon por nuestro suelo no fueran suficiente demostración de lo que la juventud tiene (¡y cuánto!) para aportar a la construcción del Soldado Argentino. Tal vez sea hora de sacudirnos los prejuicios como un perro que sale del agua y, haciendo caso al Mayor Troiani, buscar en el pueblo la verdadera substancia del héroe.


El Ejército en números


16 años: es la edad mínima requerida para ingresar a la fuerza. 23 es la edad máxima.

300 soldados por cada general hay hoy en día. En 1951, esta relación era cinco veces mayor: un general cada 1500 soldados.

80 jóvenes por día se anotaron en 2014 como aspirantes al Ejército, la mayoría no logró entrar.

3900 pesos se otorgan de beca a los ingresantes a la carrera militar, el sueldo promedio ronda los 6000 pesos.

ejercito


 sentiRse parte de la hIstoRia: eNTReviSTa a sebastián, gRaNaDeRo.


Sebastián tiene 19 años, y es de Claypole. Se reclutó en septiembre de 2014. Desde hace unos meses trabaja como granadero en la Casa Rosada.

-¿Qué te llevó a meterte al Ejército?

-La verdad que para mí fue por necesidad. Como todas las personas, necesitaba tener un trabajo, y la verdad que no hay nada más respetado que ser del Ejército. Más allá de que sea un trabajo, te lo tenés que tomar como algo personal, tenés que tener sentido de pertenencia… Cuando entrás al Ejército, si bien te hacen pagar derecho de piso, te dan un poco de libertad. Además te sentís bien en tu trabajo, tenés un sueldo, siempre te cumplen, tenes obra social…

-¿Cómo fue entrar?

-Uno entra con intriga, no sabés lo que te va a pasar, a dónde te van a mandar, qué te van a hacer, si te van a cagar trompadas… Yo entré con miedo, entré con cagazo más que nada por los soldados, porque acá entre los soldados se hace valer mucho la antigüedad.

-¿Era un miedo que tenía que ver con la mala acción de los militares en el pasado?

– No, porque en esta época queda claro que ya no se maneja de esa manera el Ejército, hay muchas cosas que cambiaron que hace que te hagas sentir patriota, que te dan ganas de estar acá.

-¿Ese clic cuándo lo hacés?

– Cuando me vestí por primera vez de granadero… Es lo más, la gente te mira y te sentís re importante, como parte de la Historia. La gente siempre te saluda, siempre te habla con respeto. Te hace sentir muy importante en todo sentido de la palabra. La identidad la empezás a tener cuando sentis la camiseta.

-¿Qué te enseñan adentro?

-Lo primero que te enseñan es el respeto, a manejarte con permiso. Si no te cagan a pedos, te hacen hacer cuerpo a tierra, te tienen corriendo siempre de acá para allá…

-¿Hay muchos pibes en Granaderos?

-Hay muchos pibes, sobre todo de la zona Sur del Conurbano.

-¿Y de las provincias no vienen?

-Sí, porque Granaderos tiene escuadrones, y los soldados pueden vivir ahí. No es bueno en equipamiento, sin embargo tienen buen trato, hacen lo que pueden… El estar acá en Casa de Gobierno, si bien el sueldo no ayuda mucho, es un avance grande en lo personal.

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De Militante a Militar: eNTReviSTa a rafaeL peñaRoL


Rafael tiene 22 años. Fue militante social y trabajó en distintos lugares, hasta que decidió estudiar para ser Oficial de las Armas en el Colegio Militar.

-¿Qué te llevó a entrar al Ejército?

-El amor a la Patria. Y también la inquietud por defenderla, no solamente intelectual o políticamente, si no también, digamos…, físicamente, con el cuerpo… Y lo bueno que tiene el Ejército es que no podés accionar contra población civil, no te van a mandar a reprimir una marcha, como puede pasar con la Gendarmería o las policías. Ya no está diseñada la cosa para actuar contra la población, no se permite más, no te forman para eso… Además, esta carrera es una formación universitaria, que suma a la formación como persona, estudiás Historia, Ingeniería…

-¿Y cómo es estar ahí dentro?

-Si no fuiste soldado voluntario antes, la adaptación es muy dura. Por el entrenamiento, y por cómo te forjan el carácter, tenés que aprender a respetar órdenes. Vos pensá que te están entrenando para el caos que es la guerra, entonces no es fácil. Siendo joven uno está acostumbrado a ir, a venir, te juntás con los pibes a tomar algo, y eso se corta, tenés que aprender que vivir así, alejado, de pupilo, es medio sofocante. Pero después si te adaptás ya lo tomás con normalidad.

-¿Son pibes de todo el país?

-Sí, eso está bueno. De todas las provincias somos. Y tenés pibes de todo tipo, de guita, pobres, que están porque quieren defender a la Patria, o porque el padre los obliga, o que están para ventajear una beca… Igual, lo que tiene de bueno es que ahí somos todos iguales, todos con la misma ropa, comemos la misma comida, todos somos iguales… Y hablás, sobre todo en la mesa, se puede charlar y hasta discutir algo de política mientras comés. Hablás tranqui, yo me hice cargo de que era peronista, otro decía que era antiperonista, otro que Evita era una puta, y otro que Perón era un maestro. Otro que por ahí votaba a Cristina… Tenés de todo. Como en cualquier lugar.

-¿Cómo se maneja justamente la cuestión política?

-Salió una Ley que dice que los oficiales no pueden tener participación proselitista, no pueden participar en ningún partido, sea de derecha o de izquierda. Lo que sí podés es tener ideología, pero no participación partidaria… Yo militaba en una organización social, y tuve que dejarla cuando entré… No es fácil cambiar la ideología liberal que hace 100 años que está enclavada en la fuerza, pero de a poco se va valorando más a Rosas, más a los federales… A veces se hace jodido también; el 24 nos hicieron jurar lealtad al Coronel (Argentino del Valle) Larrabure, que fue secuestrado en los ´70, ahora no me acuerdo por cuál orga (N. de R.: Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP), y entonces el 24 de marzo pasamos el Día de la Memoria de esa manera, fue terrible…

-Para terminar, ¿cuál es tu reflexión sobre el Ejército hoy?

-Pienso que vos podés hacer Patria en miles de lugares… Pero yo creo que ésta es la mejor forma… No es fácil tampoco el ingreso, y eso está bueno porque forma a los mejores cuadros. Eso es importante, porque si hay un caos, necesitamos lo mejor de lo mejor para que nos conduzca… En las Malvinas perdimos por una mala conducción, no por los soldados que tenían unos huevos bárbaros… Lo que yo veo ahora es que somos tropas de primera, a lo mejor no tecnológicamente, pero justamente al no tener lo último de lo último, en los pibes juega más el sentimiento. Y eso creo que nos beneficia. No tenemos visión nocturna, pero vos entrenás para ver de noche sin visión nocturna, y si llegás a tenerla después, ya tenés mucha más ventaja que los otros… Esa también es nuestra historia. El ejército de San Martín, por ejemplo, no tenía ni las mejores armas, ni los mejores entrenamientos, y liberó media América a puro corazón.


El testimonio de un músico que entró al Ejército por necesidad


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“Llegué al ejercito casi de casualidad. La primera vez que lo pensé fue cuando, en mi ciudad, mientras esperaba el colectivo (con el trombón en la mano) se me acerca un chico y me pregunta si buscaba trabajo. Yo buscaba trabajo, y me comentó que sabiendo tocar un instrumento podía entrar como suboficial en la banda. Pero fue recién cuando me enteré que un compañero del conservatorio trabajaba ahí que lo pensé en serio. Lo busqué y le pregunté, y empecé a hacer los tramites para entrar y los exámenes.

A fines de diciembre me avisan que me tenía que presentar en Mar del Plata el 16 de enero.

No me había creado ninguna expectativa de lo que sería para no crear prejuicios y ver cono se iban dando las cosas. Hay que acostumbrarse a varias cosas que cuestan cambiar porque son cotidianas, como la forma de hablar, cómo pedir algo, etc. Pero te vas habituando, es un trabajo bastante rutinario. Me hizo acordar a la escuela, lo que te hace ver lo militarizado del sistema educativo: formar ,izar bandera, presentar el grupo al jefe (o la profesora) etc. Después nosotros en la banda por lo general ensayamos un rato y a veces tenemos gimnasia. Y a lo que se dedica la banda es a hacer servicios, tocar en distintos lugares. Desde escuelas, en el teatro, en la calle, procesiones, en canchas.

En particular en la banda hay gente que son músicos que esta ahí por circunstancia, y hay gente que tiene mas vocación de militar.”

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