Juventud Americano Tesoro: Congreso de los pueblos libres

PÁJAROS Y FLORES

Por Marcos Mizzi


El río Uruguay corre rápido hacia la mar, su costa se encrespa de azul, pero estos hombres que la habitan no parecen tener apuro. Hace unos días están reunidos, discutiendo sobre la situación política del país. Y no se lo toman a la ligera. Será por eso que cerca del mediodía deciden hacer un recreo, para despejar las ideas. Echados bajo un ceibal, contemplan el bambolear de las caderas de la negra lavandera al fregar en la orilla. Cada tanto le tiran un chiflido, o un comentario obsceno. Las mejillas de Teresa, la piba en cuestión, aunque morenas, toman el color de las flores de ceibo que salpican el pasto. Se da vuelta y grita hacia sus admiradores:

-Oigan, gauchos roñosos, ¿así que les gusto?Se quedan callados. Alguno se ríe. -Encima de babosos, cagones resultaron.

Empieza a juntar la ropa en el canasto. Lo hace con tanta bronca que una prenda cae al suelo, manchándose con barro. Putea en voz baja, y ve que uno de los gauchos se acerca.

-¿Qué carajo querés ahora? -Disculpanos, che… Estamos muy tensos.- le contesta Andresito, levantando el trapo.

-¿Y eso qué me importa?- Teresa le arrebata la pilcha de la mano y se va, ofuscadísima.

Esa tarde, Artigas y los suyos toman una resolución: la Banda Oriental, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y las Misiones son pueblos independientes: reforma agraria, gobierno elegido por sufragio universal y la unión americana son los pilares en los que se apoyan. Por la noche, la ciudad estalla en festejos. En una esquina un grupo de gauchos santafesinos compiten por la mejor rima, más allá unos misioneros hacen temblar el aire con sus sapucay y Andresito va pateando las calles solo, bastante en curda. Llega a la orilla del río, donde unos negros están meta caña y candomblé. Se sienta cerca del fuego a echar un trago, hasta que la ve entre las luces de los fogones. Juntando valor, levanta del piso una flor de ceibo y se la ofrece junto a su mejor sonrisa. Teresa lo mira con sus ojazos morochos,toma la flor y la transforma en un pájaro. Entre el canto de los tambores, los dos se funden en un beso tan tierno como la libertad.

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