Violencia Institucional// “Esto es bueno para ustedes”

Viernes a la madrugada. Típica pelea a la salida del boliche. Piba contra piba. Al toque son separadas por los patovicas (“¡pendejas de mierda tomenselá!”), y acá no ha pasado nada, cada grupito se va para un lado distinto de calle Mendoza. Pero mientras Lucrecia y sus amigos siguieron camino al barrio festejando la cara de cagazo que puso la otra, esa otra con sus amigos vieron a dos patrulleros en una esquina y les dijeron a los milicos que les habían robado, que los ladrones eran así y asá, que se habían ido para aquel lado. Luces azules, sirenas, el auto arranca. Antes de llegar a las Cuatro Plazas, la policía da el alto a seis chicas y un varón. Coinciden con la descripción.

-¡Contra la pared la concha de tu madre!-

Lucrecia (que fue la que había estado en la pelea) dice “pero…” y antes de terminar un puñetazo le parte la boca. Con ella en el piso, los demás enseguida hacen caso y se ponen contra la pared. Empieza el cacheo. Cinco pibas se aguantan el asco mientras tres milicos las toquetean sin disimulo. Un pibe empieza a recibir patadas cuando le encuentran su visera en la mochila:

-¡Por esto se ensucian!

El pibe quiere explicarles que la gorra es de él, que la había guardado porque si la tenés puesta no te dejan entrar al baile. Pero es peor. Ahora son dos los que están en el suelo. A Lucrecia la cachean mientras está tirada: escupe sangre pero se traga la bronca. Empieza la golpiza general. Uno pensaría que a los detenidos se los caga a palos ya estando en la comisaría. No siempre. A ellos siete los fajan directamente en la calle. Una de las chicas pide por favor que dejen de pegarle porque como es diabética, las marcas le tardan en irse. Se le ríen, le preguntan la edad.

-19 años…

-Ah, sos mayor.- y le siguen pegando. -Si sos mayor aguantatelá.- Hasta que se cansan de pegar.

Seis chicas y un varón, todos golpeados, la ropa despedezada, son subidos a los patrulleros. Los llevan a la seccional 14. Son separados. Al varón lo llevan a una de las celdas, a las chicas en una oficina vacía. Después de un rato, al varón lo esposan, lo desnudan y lo siguen fajando. A las chicas las desnudan también. Las milicas les gritan insultos: “¡Gorda de mierda!” o “¡Qué caído está ese culito!”. Los milicos no opinan lo mismo que sus camaradas de fuerza: las tocan a lo guaso, y también las golpean, y las seis chicas no saben si duelen más las caricias o los golpes. Cuando vuelven a cansarse, los milicos se rescatan. Se les fue la mano, piensan. Hay seis chicas y un varón re cagados a palos. Re contra cagados a palos. Nunca son tantos a la vez. Así que para arreglarla les devuelven la ropa, les dicen que pueden irse y se excusan con tono paternal:

-Esto lo hicimos porque es bueno para ustedes… No se metan más en quilombos y portensé bien.

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