Mono Sampler: entrevista a Rocambole

A poco de haber sacado su propio libro de dibujos, Rocambole habla sobre su trabajo con los Redondos, de cómo a fines de los sesenta fundó una de las primeras comunidades “hippies” de Latinoamérica y sobre por qué no le gustaba que le llamen hippie entonces y artista ahora.


Por Facundo Dalmacio // Fotos: Nicolás Hernández

Son poco más de las cinco de una tarde húmeda en un barrio de La Plata. Algunos vecinos toman el poco aire que corre con una pava y un mate a sus pies, otros limpian sus autos mientras algunos chicos corren con los guardapolvos desprendidos al salir de la escuela. Sobre la calle 69, del otro lado del vidrio de la puerta de su taller artístico, se lo ve a Ricardo “Mono” Cohen pasándole el plumero a su escritorio con la radio prendida. Golpeo el portón un par de veces, pero tarda en escuchar. Cuando al fin me ve, me hace pasar a su lugar de trabajo, donde creó gran parte del arte gráfico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Con casi cinco décadas en el oficio, Ricardo Cohen, mejor conocido como Rocambole, es uno de los dibujantes más populares de Argentina. Sus creaciones están por todos lados; no debe haber una ciudad o pueblo del país sin algún dibujo suyo pintado en alguna pared o estampado en alguna remera. En cada recital del Indio Solari o de su ex compañero de banda Skay Beilinson, miles de personas llevan impresos en las ropas, en las banderas o en las pieles algunos de sus dibujos. Aunque, probablemente, si se lo cruzaran en la calle, pocos sabrían quién es ese hombre pelado de barba blanca y anteojos de marco redondo. Cualquiera que se propusiera explicarles tardaría mucho en contarles, porque Ricardo “Mono” Cohen fue muchos hombres.

El Cófrade

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Tapa del primer disco de La Cofradía de la Flor Solar (Rocambole, 1971)

Mientras charlamos en su taller, Rocambole se sube a una escalera y baja de una repisa una caja con recortes de diarios y fotos viejas. Son de la época de La Cofradía de la Flor Solar, conocida hoy como la primera comunidad “hippie” del país.

Mientras revisa los artículos amarillentos con olor a papel viejo se sonríe. Vaya a saber de que se estará acordando.

-No nos gustaba el mote de hippies –dice-. Primero porque cuando empezó la Cofradía en el verano del 67, acá nadie había escuchado nunca la palabra “hippie”. En la época nos decían beatniks, existencialistas, roñosos…. cuando aparece el término y la moda esa, empiezan a decir que éramos hippies. Nos considerábamos paralelos a eso.

La Cofradía de la Flor Solar se empezó a gestar en 1966, dos años antes del Mayo Francés. Ese año, en las elecciones estudiantiles de la entonces Escuela de Bellas Artes de La Plata, una agrupación independiente conformada por los futuros Cófrades tomaría el poder del centro de estudiantes con consignas del estilo de las que luego se escucharían en el París de 1968 con un poco más de prensa.

-Nuestras propuestas eran raras y poco claras, como las que hubo unos años después en el Mayo Francés -recuerda Rocambole-. Una de ellas decía: “la única constante es el cambio”

El mismo año en que el “Mono” Cohen y los suyos ganaron el centro de estudiantes, la dictadura de Carlos Onganía intervino las universidades: los organismos estudiantiles fueron disueltos, muchos profesores e investigadores se fueron del país, el comedor universitario, que permitía que mucha gente de otras provincias y países pudieran estudiar, fue clausurado. En ese contexto, desde el centro de estudiantes organizaron una institución paralela con los profesores que habían sido cesanteados y abrieron otro comedor en un local que les cedieron en el Sindicato de Correos Platense, que llegó a dar de comer a cien alumnos de Bellas Artes. “Organizábamos ollas populares” cuenta Rocambole, “salíamos a pedir comida a los mercados regionales, nos daban las verduras medias chamuscadas, las cargábamos en un viejo jeep y preparábamos las comidas. Más que nada fue una patriada juvenil”. Fue por entonces que decidieron alquilar una casa donde dar las clases y se fueron a vivir juntos.

En las casas de la Cofradía llegaron a convivir hasta treinta personas: artistas plásticos, escritores, filósofos, actrices, periodistas, danzarinas, fotógrafos y músicos, entre los que estaba un joven Skay Beilinson. Para sustentarse, organizaban emprendimientos culturales y talleres de artesanía.

Además de dejarse el pelo largo y experimentar con drogas y guitarras eléctricas, los Cófrades hablaban del derecho de la mujer y de la pareja en un plano de igualdad. Lo que era algo escandaloso para la época era la convivencia de mujeres y hombres solteros en una misma casa, donde además se repartían las tareas y administraban un fondo común.

-Queríamos hacer una revolución doméstica –explica Rocambole-. Revolucionar las costumbres. Nos miraban raro cuando decíamos que lavábamos los platos tanto los hombres como las mujeres.

La experiencia comunitaria duró cinco años. Los Cófrades eran acosados permanentemente por la Policía, que muchas veces los detenían y violentaban tan solo por tener el pelo largo. Tras la disolución en 1972, algunos irían a parar a casas de amigos, a otras ciudades u otros países. Pero la Cofradía de la Flor Solar dejó su marca. Según Rocambole le declaró alguna vez a la periodista Gloria Guerrero:“Los Redondos llevaron a cabo pragmáticamente lo que La Cofradía de alguna manera soñó. La autogestión es una herencia total, la manera de hacer las cosas; el no importarte los efectos de algo, sino hacerlo, todo eso es evidentemente cofrádico”. Si bien el Indio dice no tener nada que ver con la Cofradía más allá de alguna reunión casual en sus años platenses, Cohen concluyó en la misma nota: “a veces llevás los genes de tus viejos detestándolos. El Indio lleva la impronta de La Plata”.

El artista al que no le gusta que le llamen artista

“El cincuenta y seis” (Rocambole, 1999)

En una habitación equipada con un tablero y una computadora, rodeado de dibujos, Ricardo Cohen cuenta que viene a trabajar a su taller cada vez que puede.

Tomó el seudónimo de Rocambole del protagonista de un folletín de fines de siglo 18 que leía cuando era chico. Empezó firmar con ese apodo a principios de la década del 80, cuando comenzó a publicar sus historietas en la revista contracultural Cerdos y Peces, dirigida por Enrique Symns, quien supo ser monologuista durante los primeros años de los Redondos, cuando eran una banda inclasificable que fusionaba la música con las artes escénicas.

Rocambole se ha pasado la vida esquivando rótulos; no le sientan bien. A fines de los 60, desde su experiencia en comunidad en la Cofradía de la Flor Solar, quiso evitar ser llamado “hippie”. Ya consolidado como uno de los artistas plásticos más importantes del país, se rehusa a ser llamado artista:

La palabra artista ha sido bastante manoseada. Yo prefiero definirme por algo más concreto. Me defino como dibujante porque es lo que hago todo el día, que es una actividad que se puede ver. Al haberse manoseado la palabra mucha gente se titula artista y lo que digo es que de esa gente hay mucha que no quisiera ser como ellos, entonces prefiero no denominarme artista. A mí no me parece que el artista sea un ser especial, se estudia y trabaja sobre el arte. Hay un porcentaje de sudor y un porcentaje mínimo de inspiración o magia.

¿Hasta qué punto puede escapar el arte del capitalismo?

Cualquier cosa que hagas ya te la empaquetan y te la venden, ya sea una obra de arte ya sea un pedo. Por ejemplo, el famoso dibujo del hombre y la cadena [tal vez su dibujo más replicado y conocido], lo agarró Locuras, una empresa de rock que hace remeras, e hizo millones. Si yo lo hubiera registrado hubiera hecho una fortuna con ese dibujo pero a mí me interesa que la gente lo use y lo transforme. Es decir, si hay posibilidades de venta de algo, el sistema se ingenia para venderlo.

Entonces, ¿cómo ves la relación entre el arte y el capitalismo?

La relación del arte con el capitalismo es siempre conflictiva. Estamos en un sistema capitalista y el arte siempre ha pretendido ser independiente, desvincularse de las condiciones del mercado, de la oferta y la demanda. Pero la única manera de salir del sistema es irse a la Luna. Creemos que en una sociedad ideal el arte sería un derecho natural como hay otros tantos derechos humanos.

Más de una vez dijiste que no te gusta que te llamen artista…

Al estar inmerso en este sistema el artista debe ser un trabajador más, es inevitable. Muchas veces yo he dicho que más que artista yo soy un dibujante, yo hago un trabajo que se llama dibujo y eso quizá le produce una emoción a alguno que lo ve, que lo usa en una remera o se lo pone en un tatuaje. Lo que yo he querido separarme es de esa condición de mercado, en el cual algunos artistas son inflados y considerados como grandes estrellas y así la mercancía que producen, sus obras, adquieren un valor desproporcionado. Y eso le sirve a los intermediarios: a los productores, los curadores. Yo quiero evadirme de ese mecanismo que le da una ganancia excesiva a los intermediarios.

¿Cuál es la función del arte?

El trabajo artístico en general está considerado como una cosa que sobra, que no es de una utilidad inmediata. El hombre no puede existir sin cultura porque su vida no tendría sentido. Lo hace pensar, emocionar, reflexionar. Para un gran sector de la gente que vive en un mundo materialista eso es considerado superfluo.

¿Para qué dibujás?

Uno dibuja para comprender el mundo. La actividad de dibujar es correr velos de cosas que no comprendés. A mí me pasa que a veces trato de explicar algo y con las palabras no alcanza y tengo que recurrir a esquemas o flechas. Si yo le pido una dirección a un diarero y me empieza a hablar de nombres de calles capaz que me pierdo, pero si me hace un dibujo es más fácil que llegue.

¿Cuál fue la mejor época que le tocó vivir para la creación artística?

En todas las épocas hubo creadores. En las épocas de mayor libertad esos creadores se pueden ver. El arte no puede ser aplastado totalmente por un gobierno o una dictadura, el arte es como una planta que crece entre las baldosas, uno descuida la vereda y empiezan a crecer plantitas entre las hendiduras de las baldosas, la cultura es así. Me parece que esta es una época propicia para hacer de todo, y creo que hay que aprovecharla porque se que la historia va y viene. Quién sabe como va a ser el futuro.

¿Qué les espera a los futuros artistas a la hora de salir al mercado de trabajo?

Si uno considera el esquema yanqui, tiene pocas posibilidades de triunfo. Si uno invierte la ecuación y piensa que el artista es una parte necesaria de la comunidad, me parece que tiene grandes posibilidades. Por ejemplo, la nueva Ley de Medios, le va a abrir un montón de puertas y espacios a aquellos que estén trabajando en lo audiovisual, que es el canal de expresión de estos tiempos.

¿Cúal es el futuro del arte?

No creo en las divisiones clásicas: pintura, escultura, música… el futuro del arte está en las multidisciplinas.

El Ricotero

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Tapa de Oktubre, el 2do disco de los Redondos (1986)

Desde 1978, Ricardo Cohen se hizo cargo de las ilustraciones de los afiches y folletos para promover las presentaciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Diseñó también todas las portadas de sus discos, escenografías y afiches.

A la hora de trabajar, Rocambole escuchaba las nuevas canciones y bocetaba mientras el Indio y Skay grababan el disco. Según él, siempre hubo mucha conexión en ese trabajo en paralelo. Dice que su mejor trabajo con los Redondos es la tapa de Oktubre “por la fuerza que le dio la gente”, pero que la que más le gusta es la de “Ultimo Bondi a Finisterre”, por ser “la más jugada”.

Además de su trabajo con Patricio Rey, ha colaborado con otras bandas como Attaque 77 o Estelares. Hoy en día sigue ilustrando las portadas de los discos de su amigo Skay Beilinson.

¿Qué rescatás de tu experiencia con los Redondos?

El mayor legado de los Redondos es que se pueden hacer las cosas saltando por sobre los decorados del sistema, esa es la lección. Ellos vieron que por los canales habituales no iban a poder andar, entonces crearon sus propios canales y abrieron puertos. Hoy existe el Instituto Nacional de la Música o la Unión de Músicos Independientes basada en la independencia que lograron los Redondos de los sellos grabadores. Gran parte de lo que sucede hoy fue una respuesta a ese impulso promovido por los Redondos, que le dieron renombre a la música independiente.

¿Qué pensás del fenómeno de los Redondos?

El fenómeno de los Redondos hay que analizarlo desde muchos puntos de vista, hay cosas que no se explican muy claramente, rompieron con muchos esquemas. Rompieron el esquema de que hay que difundirse por los medios para poder ser populares: rehuyeron a la televisión. Su difusión fue de boca en boca, no porque hubiera una guita puesta para hacer una campaña. Otro mito es al que la monada hay que darle letras sencillas porque no las entiende. Mentira, cada vez iba más gente de los suburbios o de las villas para ver a los Redondos y todo el mundo agarraba alguna frase y las pintaban en bandera porque les servía desde su punto de vista. Otro mito que rompieron es el de tener que tocar en Buenos Aires para triunfar. Ellos fueron a tocar a pueblos en que los habitantes eran menos que la cantidad que se movía para verlos.

¿Ya está trabajando en la gráfica del nuevo disco que está grabando Skay?

Sí, todavía estoy tomando datos, escuchando la música. Nunca pretendo hacer una interpretación o traducción, en general propongo yo también. Creo que la tarea del diseñador es ser una parte más del asunto, no un reflejo. Me parecería reiterativo que la imagen vuelva a expresar la idea de la música, creo que la tiene que completar, de forma que si se sacara la imagen pareciera que faltara algo.

¿Fue a la muestra del Indio en la Biblioteca Nacional?

No, no he ido. Para nada. Las camisas que él se ponía ya las conocí.

¿Y le gustan los dibujos que hace el Indio?

Solari es un excelente poeta.


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